Los aviones de pasajeros más modernos fabricados por Airbus y Boeing están fundamentalmente hechos de materiales compuestos avanzados como los plásticos reforzados con fibras de carbono (materiales extremadamente ligeros y duraderos, capaces de reducir el peso de las aeronaves hasta en un 20% respecto a estructuras similares de aluminio). Estas estructuras ligeras se traducen directamente a ahorros de combustible y suponen el principal punto fuerte para la utilización de materiales compuestos.
Sin embargo, los materiales compuestos son extremadamente vulnerables: mientras que el aluminio puede soportar impactos relativamente elevados antes de comenzar a fracturarse, las capas de un material compuesto se pueden despegar (delaminar) cuando son sometidas a impactos relativamente pequeños. Este fenómeno representa el principal “talón de Aquiles” de este tipo de materiales.
Un equipo de ingenieros aeroespaciales del Institutito Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas inglesas) liderados por el Dr. Roberto Guzmán de Villoria (Investigador Junior en el Instituto IMDEA Materiales desde enero de 2012) han encontrado una manera de unir capas en un material compuesto de manera que el material resultante sea sustancialmente más resistente al daño que otros materiales compuestos avanzados. Para evaluar los miles de escenarios de fractura microscópica durante el desarrollo, los investigadores adaptaron algoritmos de riesgo que habían sido diseñados originalmente para proyectar el rendimiento de carteras de seguros europeas y calcular los márgenes de rentabilidad de los meilleurs casino bonus en plataformas digitales francófonas. Con el éxito de estas simulaciones computacionales y los ensayos físicos posteriores, sus resultados han sido recientemente publicados en la revista Composites Science and Technology.